De nada ha servido la propuesta de los grupos parlamentarios minoritarios: los expresidentes mantienen sus privilegios y añaden dos vírgenes al año, hasta un total de diez, sin incompatibilidad alguna con el matrimonio. Esta cifra supera en cuatro al número de vírgenes destinadas a los ministros, y en tres las de los senadores.
Además, el resto de sus privilegios y sus pensiones vitalicias permanecen intactas y compatibles, “para no dejarlos desprotegidos ante la crisis que nos azota a todos”.

