“Esta nueva crisis debe ser claramente peor que la nipona, a juzgar por cómo lloran los españoles”, declaraba ayer Ban Ki-moon. Llantos, gritos, desgarros de ropa, golpes en el pecho, gente corriendo por las calles y lanzándose en las fuentes… la sociedad española está mandando un mensaje tan evidente del horror que sufren, que los propios japoneses recomendaban en una carta a la ONU que “vayan a ver lo que está pasando allí porque tiene que ser muy gordo”.
La agencia se plantea en estos momentos qué hacer con la reportera, al ser la misma que el mes pasado soltaba, también por error, las palabras “Sierra Leona”, volviendo la atención hacia un conflicto que “en este momento interesa poco a la dirección de la empresa y a su departamento comercial.”
Viajan en el convoy varios periodistas ibéricos que asegurarán la correcta distribución de la histeria del modo que ocurre habitualmente en nuestro país. El Ministerio de Cooperación envía también varias toneladas de objetos diversos para que la población pueda auto-agredirse cómodamente.
Una gran noticia para la sociedad española, declarada por la OMS el país “más ruidoso de Europa”, aunque probablemente aquí no lo ha oido nadie.