Los médicos del Athletic no descartan la rotura del ligamento cruzado y anuncian una baja de por lo menos un mes. “No voy a decepcionar a la afición”, declara ella, “en cuanto me den el alta volveré a las labores de mi casa como una más del equipo.”
“Nos juntamos unas amigas y además de hacer calceta y ver las telenovelas, comenzamos un día a negociar con valores.” Ahora asisten a talleres para brokers del tipo de “hundir una moneda para pillar cacho” o “Portugal y Grecia, ese gran supermercado.”
“Así tengo la parejita”, nos comenta Vicenta L., “uno con pelo y el otro hidráulico”. Y continúa: “hoy en día se hacen unas cosas modernas buenísimas… Fíjese usted que Sultán no necesita ni comer ni pasear ni nada. ¡Eso sí, hay que ver lo que chupa de luz!”
Seguridad permitió por error la entrada al evento de una mujer con los ojos algo juntos, la boca fina, y generosa carne donde no debería notarse más que la bola de la articulación. Se plantean denunciar a Vicenta S. por un delito de “ostentación pública de asimetría física”.
“Yo no tengo ni idea de ná, pero si quieren hacerme caso allá ellos, me siento como si fuera una experta”, nos confiesa doña Vicenta en unas declaraciones casi idénticas a las que hacía la semana pasada Raymond McDaniel, Presidente de Moody’s. La calificación que ha dado: “la cosa está mu mal”.
“¿Cómo puede ser que mi hijo esté pagando casi el doble de hipoteca si la casa vale mucho menos, además por culpa de usted, pirata, sinvergüenza?” Cuarenta minutos ha durado la bronca de doña Vicenta, que blandía un abanico y agarraba firmemente la manga del gobernador del Banco de España.