Miguel Entrena

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Sin Brújula También se Viaja.

Nacido en Madrid allá por el año 1974, justo cuando España comenzaba una nueva era, Miguel Entrena mostró desde muy joven cierta sensibilidad artística, expresada en su gusto por la música, el cine e incluso la lectura (hay quien duda de que sea puramente español). Sin embargo, su espíritu farandulero no acabó de fermentar hasta su llegada a “ses illes“, donde residió durante siete años rodeado de esos seres extraños que los expertos llaman “mallorquines”. Fruto de su contacto con algunas de las mentes más brillantemente enajenadas de Mallorca, de las que destaca Joan Lacomba (pintor, escultor y director teatral de la más pura tradición bohemia), su primer mentor en el complejo mundo del arte, la ya de por sí confusa naturaleza de Miguel acabó por perderse en un extraño mar de ideas vagas y luces de colores. Ni la medicación ni la terapia han logrado devolver a su cabeza la regularidad que sus más cercanos allegados desearían, pero pese a todo, él se confiesa feliz.

Durante los dorados años mallorquines, nuestro alegre personajillo se especializó en la interpretación de papeles cómicos, aunque cuando la ocasión lo permitió pudo sorprender con una extraña naturalidad para el drama. Junto con algunos de sus compañeros de fechorías como Eduard Costa o Lluc Joan LacombaFuster, formó parte del taller de teatro “Xicarandana“, una vivaz mezcla de teatro y cocina de arte independiente, dirigido por el propio Lacomba y del que a su vez surgieron otros proyectos alternativos como “No Ho Som Teatre“, dirigido por Josep Ramon Cerdá. Justo cuando comenzaba a acariciar algunas ideas prácticas con sus camaradas de aquellos años, como una dramática obra sobre dos amigos reencontrados en el infortunio, o un espectáculo puramente humorístico con las palabras contadas, el periplo mallorquín llegó a su fin.

Tras aterrizar en Alicante en el 95, colaboró fugazmente con el grupo de teatro de la Universidad, aunque rápidamente se unió a un par de actrices que llevaban por los escenarios de la provincia, junto a un tercer componente siempre variable, un exquisito homenaje a los eternos maestros de la expresión: “El Tricicle”. Elena López y Belén Cruz ofrecieron un hueco a Miguel, embarcándolo así en una de las aventuras más gratificantes de su caótica carrera. Bautizaron el grupo como “No Somos Nadie” y comenzaron a sustituir sketches del Tricicle por creaciones originales, dando vida al espectáculo “Tres Actores y una Mosca“. Unos tres años duró el viaje, siempre exitoso, y con la peculiaridad de que ni una sola de las representaciones tuvo jamás la misma estructura que la anterior.

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3 Actores y una Mosca.

¿Un plano-secuencia de 17 minutos?

Durante esa época Miguel conoce a uno de los futuros miembros de Picadillo Circus, Rubén Padilla, que asistió con la pierna “en cabestrillo” a una de aquellas clásicas funciones. Fue también durante este periodo su participación, con el grupo de teatro Raspeig, en la obra “La Cena de los Idiotas“, un reencuentro con las pulidas tablas del teatro formal. Colaboraciones en diferentes eventos artísticos y el comienzo de la andadura audiovisual con el primer cortometraje, “Toma 1” (que cosechó un par de premios y todo, no vayamos a creer) acabaron de dibujar un perfil complejo, que suma un pellizco de todas las disciplinas que ahora cultiva (incorporando recientemente la fotografía). En aquel momento comenzaron tembién los ocasionales contactos con otro volátil espíritu de la escena, Luis Beviá, dando como fruto cientos de inacabados proyectos. Siguieron “La Entrevista“, un interesante trabajo de encargo protagonizado por Elena López, Ferrán García y Miguel Such, y “Barrácula (la pelúcula)“, una tontería de lo más amena (de hacer). Al final del periplo, “No Somos Nadie” acabó disolviéndose para dar forma a otros proyectos (como el espectáculo de monólogos con Elena López “No Sé Si Me Explico“).

cartel220x30pekEn pleno boom del monólogo en España, Miguel no tardó en subirse al carro primero como colaborador y después como organizador de infinitas noches de comedia “stand-up”, siempre con el aliciente de la teatralidad que llevaba pegada en el alma. Interesado en acercar la cara más artística del humor al público en general, se rodeó de autores de todos los géneros: monólogo, pantomima, música, teatro, cuenta-cuentos… a los que llamaba para rellenar de comedia los huecos que dejan las jarras de cerveza al caer al suelo. Jesús Montoya, Rubén Padilla y Luis J. Juan fueron algunos de ellos, pero también hubo otros nombres, como Elena López, Miguel Ángel Rome, Óscar Mora, Los Menda, “El Cuchitril” de Sixto de Toro y Juanma Blau, Emilio Bragado, Antonio Sogorb los míticos miembros de “4Q3” (Miguel Esteve, Lobo López, J. R. Carralero) y un largo etcétera de artistas y humoristas de una generación extraña, a caballo de ninguna parte, que carecía siquiera de la fuerza suficiente para mantenerse unidos. Tras casi dos años de combinar estas sesiones semanales con un agotador trabajo, Miguel Entrena espichó por primera vez.

Sergio y MiguelAlejado una buena temporada de los escenarios, dejó atrás una ristra de trabajos en los que no encontró su sitio y se centró en el mundo audiovisual. Tras conocer a Sergio Estrada, “el Toro Rosarigasino“, fundó con él Ojo Público Producciones, un pequeño gran proyecto que le permitió explorar a fondo sus inquietudes artísticas en el mundo de las lucecitas de colores. Un par de años de andadura por el sector publicitario y corporativo, aportaciones técnicas en los cursos de cine de la Escuela de Cine Ciudad de la Luz, y pronto comenzó a colaborar con televisiones locales, creando logotipos, secciones y ráfagas de todo tipo, hasta que la hormiga de la escena volvió a picar. Y qué mejor modo de aprovechar todo lo andado y continuar aprendiendo que fabricar, de la nada, la locura de un nuevo programa de televisión.

No Hay ColorEl primer intento, “No Hay Color“, junto a Luis J. Juan, Rubén Padilla, Jesús Montoya, Jaime Maestre, Elena López, Pablo Entrena y Vicente Lillo (estos dos últimos como si fueran de la familia), con el apoyo técnico de Sergio Estrada, fue un bienintencionado fracaso que dio como fruto algunos impresionantes gags y un necesario empujón de realidad para el siguiente proyecto: “Picadillo Circus“.

Tras una sesuda planificación en la que se concluyó que era imposible, por falta de medios y escasa experiencia, embarcarse en el proyecto de Picadillo Circus, la decisión unánime fue la de embarcar igual.

La producción comenzó con una ristra de sketches grabados aquí y allá, como aperitivo del verdadero programa (y que irónicamente acabaron teniendo más aceptación que este), para luego entrar, cual jabalí en celo, con un espectáculo en vivo con público, grabado, empaquetado y lanzado a la televisión. Excelente fue la impresión del público asistente a cada uno de los programas, aunque Miguel nunca estuvo del todo contento con su resultado en pantalla.

Picadillo Circus

Tras varios meses de emisión, el programa llegó a su fin y durante una temporada Miguel Entrena volvió al trabajo regular de la productora, con la que poco a poco se ha ganado un hueco entre los realizadores alicantinos a tener en cuenta. Poco tiempo después, el grupo volvía a la carga: tras su participación en el programa de la Cadena Ser A Vivir Que Son Dos Días” con Miki López, junto al resto de los Picadillos, el propio Miki hizo la llamada que los devolvió a la parrilla de la televisión local, esta vez de la mano de Tele7 y su programa “Una Noche Más“, dirigido por el propio Miki López. Gags rápidos y certeros, aunque con un alto contraste entre las débiles grabaciones en directo y los cuidados montajes de vídeos propios, que volvieron a poner a prueba el proyecto durante un año, hasta el cierre de la cadena (esta vez sin responsabilidad aparente por su parte).

Terminado el segundo periplo televisivo, Rubén Padilla puso sobre la mesa la posibilidad de participar en el certamen teatral “Alicante a Escena 2009” con un espectáculo ya en marcha titulado “monGólogos“, que reunía de cualquier manera los mejores sketches y monólogos de Picadillo Circus. Tras las primeras miradas de duda, se decidió tirar para alante y fíjate tú, funcionó. Seleccionados como uno de los ocho participantes del certámen (de entre ciento y pico), aprovecharon para renovar el espectáculo, desarrollando un hilo argumental y trabajados juegos escénicos, dando como resultado “monGólogos 2.0“, un show que sorprendió incluso a aquellos que ya conocían su contenido original. Más de 450 personas se reunieron en el Teatro Principal de Alicante, un lunes a las nueve de la noche, para disfrutar con Picadillo Circus de ese momento simplemente mágico, en el que las risas y los aplausos parecían no acabar nunca. Los objetivos que en su día se habían propuesto no estaban cumplidos: estaban superados de largo, y sin saber bien cómo.

Desde entonces el espectáculo se ha representado unas cuantas veces (un poco con cuentagotas), a la espera de que la ajetreada agenda de la productora les permita un poco más de cuerda.

Poco tiempo tras el estreno, el resumen en vídeo de monGólogos 2.0 llamó la atención de Pep Armengol, director de cásting de Barcelona, que se hallaba trabajando en la selección de actores para la película “El Gran Vázquez”, de Óscar Aibar, protagonizada por Santiago Segura. Tras una rápida reunión, los cuatro miembros de Picadillo Circus firmaban su primer contrato para el cine, como actores de reparto.

Con las velas de Ojo Público Producciones y Picadillo Circus comenzando a tomar viento, Miguel ha tomado como lema la frase “si es que el dormir está sobrevalorado”. También participa en el programa de Radio San Vicente San Vicente Plaza” con Loly Otero, con el micro-espacio semanal “El Guionista Despistao“, donde se quita la chaqueta (a menudo un poco grande) de humorista para calzarse las zapatillas de conversar. Además son diversos los proyectos de guiones cortos o largos que, aunque siempre en evolución, uno se pregunta si alguna vez verán la luz.

Miguel Entrena sonriendo, como siempre

Mientras tanto, Miguel Entrena y Picadillo Circus siguen su andadura, lenta pero segura, en el mundo del humor más gilipollas. Y no es que hubiera la necesidad de meter a rosca un taco para dar un toque inconformista y moderno a este “breve” resumen, es simplemente que no existe vocablo que describa mejor lo que ocurre en las reuniones regulares de este grupo indescriptible (incluso en el buen sentido).

Nadie puede saber lo que traerá el futuro. Picadillo Circus es un fantástico campo de tiro que pone a prueba cada día la capacidad de cinco personas para reírse de ellos mismos y del mundo. Quizás trascienda o quizás no, pero en este muchacho (aún) existe, en el fondo de todo, esa extraña y hermosa sensación de estar viviendo los mejores años de su vida. Aunque siempre ha sido un poco así.

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